Vivimos en una eterna incertidumbre, y la única forma de asumir esa incertidumbre es a través del arte.

viernes, 31 de mayo de 2013

No es un momento historico, dices.

Tengo miedo .
De esos miedos que te asaltan por la noche cuando las luz se va y los monstruos  en tu imaginación, renacen.
De ese miedo que es confuso e infantil.
Pierdes mas que ganas.
Y la almohada ya no te sirve de consejera, porque simplemente hasta ella te aterra.
Pero hago de tripas corazón y me muerdo en labio inferior.
'Todo esta en la mente' 'todo esta en la mente'
Pero al final, nada esta en la mente y la pistola calibre 34 que tengo en frente,
Es real.
Y esta apunto de dispararme en un callejón mugriento.
La muerte mas digna que puedo desear y las palabras mas sabias que nunca he diré.
Centímetros, que me parecen milímetros, que en realidad son metros, los que nos separan.
La pistola y yo, la pistola, el que aprieta el gatillo y yo.
El resto del mundo, el callejón,  y yo.

Y entre que sus manos han cargado la pistola y ha vuelto a su posición inicial, el miedo ha desaparecido.
Como el terror no merecido.
Y doy gracias por una muerte rapida.
Y pido que 'No flores, no llores' pongan en mi lápida.
Las piernas ya no tiemblan, ahora adrenalina carga mis venas y comprendo que debe de ser un arma peligrosa.
Y miro por ultima vez las nubes rosas.
Antes de sentir de lleno el plomo, casi como hierro, ligero como estaño,
Encasquillarse entre mis costillas y hacerme cosquillas dolorosas
Antes de dejar que la adrenalina y el plomo me maten.
Y pueda pensar 'que extraño'
En un espacio tiempo antes de que mis venas se corten.


No hay dolor. 
No hay recuerdos.
 No hay mucho.
 No hay nada.

lunes, 27 de mayo de 2013

-Tu-

-Suave y venenosa, como las plumas de un ganso  enfermo, así era tu piel. Cuajada de rocío, temblante ante los primeros rayos del día y apagada cuando ya ningún resquicio de luz quedaba.  Iluminada por esos ojos tuyos tan oscuros y brillantes como las perlas del mar caribe, de aguas repletas de damas y centinelas, con cola de sirena y voz de soprano, aguas que visitábamos en nuestras noches de escasez, al crepúsculo menguante.-

Las dudas me llevan al miedo, como la marea lleva a un barco a la deriva. Y me inducen tu voz insana en cada respiración, propagando mentiras por cada mililitro de sangre azul.

No quiero olvidarte, te lo juro. Lucho cada noche y lo prometo a las estrellas allá en Maldivas. Como a los cuentos que el gato presenció, escondido bajo un sillón de terciopelo, suave como tu voz.

Rezo a un dios en el que no creo que no se lleve tu recuerdo, ni las pequeñas esquelas y retales que me quedan de tu imagen ya borrada, emborronada y difusa por el tiempo.


Y tristemente, esto no llega a ninguna parte, como un vagón que ha perdido su cabina. 

Me contengo las lágrimas cuando la nana llega a mis oídos, y tu voz acompaña sin querer en mi cabeza como la banda sonora de la película de tu vida. 


De tu hija.

No hay buzón para esta carta.  Ni destinatario alguno. 
Hay palabras en el viento y sellos ninguno. 
No quiero perder estos versos, en una caja de cartón. 
Tampoco que los besos, no acompañen al furgón. 
Como aquella noche. 
Llena ahora de reproche. 
Te pido que no te vallas. 
Cuando  bajo tierra y sin zapatos ya no te puedes levantar. 
Y la palabra -papa- ha dejado de sonar sobre las medallas. 

domingo, 12 de mayo de 2013

...Y a esa lata, le dan muchas patadas.


Han pasado muchas semanas, o tal vez solo unas horas, desde que me llamó. Recuerdo sus palabras, el tono de cada sílaba y el suspiro del final, como unos puntos suspensivos. Con ese recuerdo vienen todos los demás encadenados en fila india, esperando a ahogarme por dentro, con paciencia, conspirando contra mí.
Paul ha venido antes, no le he escuchado mucho, he captado el final de su conversación con el aire y el portazo de salida, sus palabras diciendo “…aquí están las cosas de Haylei…” se han quedado en el aire unos minutos.

Me levanto, como un robot de hojalata al que, repentinamente, se han olvidado de engrasar.
Tal vez es todo una broma del destino, susurro cuando me encuentro con una caja llena de sus cosas. La llamada, esto… ¿se han puesto todos de acuerdo de repente? ¿Saben algo que yo no sé? ¿Me ocultan cosas? Si es así, no sería nada nuevo.

Dudo y me balanceo entre la desesperación, la tristeza y el enfado. ¿Qué te pasó, pequeña y misteriosa Haylei?
Jugueteo con uno de sus collares en forma de espiral y pienso, mientras no aparto la mirada de todas las cosas que un día vi entre los rincones del desordenado apartamento de Paul, que tal vez debo olvidarme de ella de una vez.

 Saco una cinta de super8 de la caja y soplo para que el polvo acumulado se disipe por el aire. Unos minutos después, la voz de Paul se extiende por mi salón y su imagen aparece en la pared. Él, enfocándose a sí mismo y presentando una de las tantas coreografías, con euforia y énfasis, después pasa a enfocarnos a nosotros, el espacio es pequeño, pero nos movemos como si tuviéramos todo un campo para bailar. Mis manos agarrando su cintura, su pelo violeta recogido en un grácil moño medio deshecho, su mirada y la mía. Todo.
La cinta se acaba y un sonido sordo proveniente del aparato inunda el silencio que estaba por formarse.  La oscuridad nubla la habitación, y todo lo que acabo de ver, se hace lejano y distante, como si fuera una película y a cuyos personajes no conociera de nada.



Me miro en el espejo y sigo teniendo el pelo violeta, ahora es más largo, y las raíces empiezan a notarse, mi pelo rubio ceniza asoma por arriba. Decido que no tardaré en volver a teñirme.
Miro de nuevo por la pequeña ventana situada encima de mí también pequeña, cocina de gas, y compruebo que el cielo anuncia tormenta. Corto con mi subconsciente, corto con el mundo real, y corto conmigo misma, pienso pausadamente en todo, tomándome mi tiempo y mi calma. Y para cuando recobro el dominio de mi misma, estoy en la calle, empapada, a dos pasos de formar parte de un charco y ardiente de fiebre.

Y como esto no es ninguna película, empiezo a estornudar, como un cachorrillo hambriento.  Pero decido, que si he de morir ahora, y ha de ser de frío, que sea. Acurruco mis cansados y entumecidos brazos alrededor de mi misma y sonrío irónicamente al cruzar mi mirada con un huesudo y sucio vagabundo que me ofrece un trozo de pan desde el portal. No lo tomo, ni siquiera le doy las gracias, simplemente sigo, con pasos entre cortos y largos, acelerados y pausados, llegando al cine Capito.
Puedo ver las ventanas del piso de Paul desde abajo y cómo ya no hay flores en el balcón. Las luces del cine están apagadas, las grandes letras fosforescentes ahora sin luz ni brillo, me promueven nostalgia, y el portero me mira con recelo desde el interior de una cabina de cristal.

Entro al interior y todas las salas están cerradas, el hall se muestra como algo grande que ha dejado de serlo. El terciopelo rojo de todas las cortinas me calienta los huesos con su mera presencia y la alfombra roja bajo mis pies se empapa. No parece importarle a nadie el hecho de que yo esté aquí, ni tampoco que un cárdigan negro se encuentre en el suelo.

Brilla mi colgante en forma de espiral sobre sus manos, y me mira desde una de las puertas.

La veo empapada delante de mí, y me pregunto si habrá alguna cámara oculta escondida, preparada para 
grabar esto y usarlo en la televisión.

Ninguno de los dos se mueve.

Permanecemos quietos.

Un trueno retumba haciendo eco en el hall  y alumbra nuestros rostros pasando por las puertas de cristal.

Quiero abrazarla, me da igual que haya pasado, porque todos y nadie están así.

Por un momento olvido todo, lo que hice, lo que hicieron, lo que el no sabe.

Un pequeño hueco en el espacio-tiempo en el que no existen los secretos.

Ya no importa nada, se lo diré todo, llorare en su hombro y dejaré que me juzgue.

Olvidaré todo, borrare lo que pasó y empezaremos de nuevo.

Me acerco.
Me acerco.

Le beso.
La beso. 

De todas las películas que aquí se proyectaron, la nuestra sería la mejor.
*The End*